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Penitencia

Thania Díaz Belleza de Cantina
acompañamiento curatorial de Paloma Contreras Lomas

del 9 abril al 20 mayo 2026

Mi abuela Blanca Elena tuvo 11 partos. Mi mamá se llama Blanca Emma y le dicen Erika. Erika fue la quinta. Le dicen Erika porque a mi abuelo se le hinchó un huevo y después de tantos partos, y a la quinta Blanca, ya no importaba demasiado. La casa de cerámica colinda por el patio con la casa de Pancho Villa, ahí donde está el árbol. Matilde, mi tía quien fue el segundo parto de 11 y no se llama Blanca, tiene unos lentes originales de Pancho Villa. 

Como en toda familia mexicana, hubo un tío que le hizo firmar de manera a mi abuela las escrituras y al final se acabó chingando la casa y el rancho. Me gustaba mucho ir a esa casa a pasar los veranos, la recuerdo con mucho cariño e intenté repetirla pensando en que la violencia que había en ese momento en el norte del país, sobrepasaba las agresiones que vivieron esas mujeres que pasaron por esa morada de cerámica. Era preferible yacer en la barda que estaba al lado del Pancho Villa original, que salir a la masacre normalizada de esos tiempos. 

Mónica Ojeda dice que México es un país sadomasoquista. Las mujeres de mi familia lo confirman. Aunque recientemente he sentido que a mi mamá la salvaron los testigos de Jehová con eso de ser tan complaciente, con eso de andar contentando tanto pinche muerto. Como en la gran inundación que hubo en Parral en 2008, en donde los muertos del pueblo salieron de sus moradas para flotar entre los habitantes, entre los 11 partos, entre las 11 Blancas. Muertos flotantes que se aparecían como una profecía de lo que nos esperaba afuera de esa casa de cerámica. Escribo esto imaginándome que soy Thania en uno de esos veranos, en esa morada que era demasiado pequeña para nueve niños, porque dos se murieron, yo fui la décima que llegó mucho después. Éstas piezas son ramas que le crecieron a esas memorias, a esas violencias que traspasaron ésa misma casa que también viajó a la esquina del segundo cuarto de la galería. A la cual la acompañan piezas que simulan la promesa del castigo, qué es mucho peor que la penitencia. 

Escribo esto pensando que soy Thania, esperando la culpa heredada de esa madre 11 veces Blanca, de esos once partos que a veces se convierten en caras repetidas hasta el cansancio, juguetes anales y paisajes idílicos que luchan contra esa crueldad con la que crecí, con la que crecimos. Thania, Blanca, Matilde, Elena, Emma, once veces nacida, siempre migajera, nunca domesticada. 

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran soledad.

Primavera 2026, Paloma Contreras Lomas


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