Macehual, cantos de creación y memoria

Macehual:
Cantos de creación y memoria.

Mar Coyol

6 noviembre-18 enero

Mar Coyol realiza un acto de subversión y crítica a la tradición visual de los álbumes costumbristas y las galerías de tipos del siglo XIX, cuyo propósito era documentar y clasificar a los habitantes y sus oficios. A diferencia de los artistas viajeros, cuya mirada se centraba en la curiosidad europea por los elementos pintorescos de un paísconsiderado exótico, Coyol retrata la dignidad y resiliencia de personas de la comunidad LGBTTTIQ+ pertenecientes a las clases trabajadoras. De un modo semejante al Códice Florentino, Coyol procura dar voz y memoria aquellos que históricamente han sido relegados a los márgenes.

Al agrupar su serie bajo el término Macehual, no sólo exalta la raíz popular y la herencia anawaka de sus protagonistas, sino también su pertenencia a la base trabajadora, como portavoces de una opresión interseccional. Sus personajes confrontan al espectador con la compleja red de exclusión y violencia que atraviesa sus vidas, producto del cruce sistémico de racismo, sexismo, clasismo, transfobia y homofobia.

Cuando la moda y el diseño contemporáneo se apropian extractiva e indiscriminadamente de elementos estéticos y manufacturas ancestrales, ¿por qué habríamos de detenernos en el trabajo de una artista abocada al estudio de los símbolos de creaciones remotas? ¿Cuál sería el sentido de recuperar presencias ajenas al “desarrollo moderno”?

Las manos de Mar Coyol nos responden con decoro, al sostener un remo que no sólo impulsa el respeto por una serie de oficios como el del bogador de la ofrenda —la tlalmanalli—, sino que también nos invita a navegar a través de las tradiciones y los prejuicios que venimos activando a lo largo de nuestra historia.

Por ejemplo, más allá de ejercer su capacidad de producir para obtener una ganancia, una serie de orfebres deciden rescatar las raíces de rostros pretéritos, aparentemente olvidados. Es la expresión consciente, de una visión artística que decide retirarse las máscaras blancas o demoniacas, con que se ha intentado invisibilizar y ocultar a lxs representantes de lo diverso.

En un diálogo abierto y crítico con lxs artistas que reivindicaron la conexión de las culturas pasadas con la época actual, Coyol cuestiona los patrones con que se han configurado las visiones hegemónicas de la identidad laboral mexicana. Cuando enuncia que la “belleza está en nuestras raíces”, de un modo semejante al Códice Florentino, procura dar voz y memoria a aquellos que históricamente han sido relegados a los márgenes por alejarse de las normativas heterosexuales, tal es el caso de lxs cuiloni.

Al ingresar al tlaxcalchihuayolan, el lugar donde se hacen las tortillas, Mar Coyol no intenta regalarnos una mera escena cotidiana. En su lugar, realiza un acto de subversión a la práctica visual de los álbumes costumbristas y las galerías de tipos del siglo XIX, que pretendían documentar y clasificar a los habitantes y sus oficios. A la artista le interesa poner en relevancia los ciclos de creación y retribución antiguos, así como el valor del trabajo humano, especialmente la dignidad y resiliencia de personas de la comunidad LGBTTTIQ+, que se enfrentan a los estereotipados y excluyentes roles asignados.

El conjunto de parejas, en particular lxs minerxs, nos permiten comprender que al agrupar su serie bajo el término Macehual, Coyol no sólo exalta la raíz popular y la herencia anawaka de sus protagonistas, sino también su pertenencia a la maltratada base trabajadora; son portavoces de una opresión interseccional, corazones entristecidos por una vida marginada y violentada tanto en sus salarios como en sus afectos y sus orígenes.

Alzando un ataúd y un arreglo floral con la leyenda “nuestra existencia es imborrable”, sus personajes diversxs avanzan implacablemente para confrontar al espectador ante la compleja red de exclusión y agresiones que atraviesa y acaba con sus vidas, producto del cruce sistémico de racismo, sexismo, clasismo, transfobia y homofobia. Una situación por la que milenariamente trabajamos y enarbolamos cantos, para transformar así nuestro presente.

Carlos Segoviano