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Welcome to the dollhouse

Sandra Blow y Romeo Gomez López

Del 16 de febrero al 29 de Marzo

Por Carlos Didjazaá

“A mí me gusta lo que te disgusta. A mí me gusta lo que a ti te asusta”.
-Lolita de la Colina

“Todo el mundo me dice que era Dawn Wiener… hasta Cindy Crawford”, dice Todd Solondz al
recordar la recepción de su segunda película, Welcome to the Dollhouse. La cual narra la historia
de Dawn Wiener, una puberta que se siente profundamente alienada, incómoda, excluida y fea, y
el doloroso ritual de paso que tiene que hacer para volverse una persona más o menos adaptada a
su entorno. En cierto modo, sí: todo el mundo es Dawn Wiener.

En el gran esquema de las cosas, a nadie le gusta ser adolescente, y en particular, a nadie le gusta
lo mismo que a ellos, o al menos no quieren admitirlo. El placer puberto es un placer amonestado.
Solo hace falta ver la gramática que existe al respecto de sus gustos: “placer culposo”. En cambio,
una buena parte de los placeres adultos recibe un nombre menos inculpatorio, pero más
deprimente: “gusto adquirido”. Es decir, tuviste que ignorar mucho de lo que eres para
convencerte de que te gustan algunas cosas que les gustan a otros: fumar, hacer yoga, tomar café.
La mayoría de la gente le llama a eso “madurar”.

 

Las obras de Sandra Blow y Romeo Gómez López se encuentran al filo de los placeres instantáneos
de la adolescencia y los placeres adquiridos de la adultez. El efecto se logra al mostrar todo lo que
quieren, todo lo que les gusta, al mismo tiempo y de manera caprichosa: comida chatarra y medias
de red, ídolos pop y sus anos, pelos, pulpos, criminales, pezoneras, tenis y tacones, pole dance y
arte contemporáneo.

La combinación de todos estos elementos en un solo instante, en una sola obra, es una buena
representación de aquello que, en palabras de Andrea Long Chu, constituye “la naturaleza gratuita
y vana del deseo; el infinito deseo de desear”. El resultado es una serie de imágenes inquietantes,
retorcidas, extrañas: queer, en el sentido más ortodoxo del término. Aquel que engloba todo lo
divertido, todo lo interesante, todo lo que se supone que hay que hacer de lado para convertirse
en un adulto más o menos bien integrado.

En La Noción de Gasto, Georges Bataille hace una propuesta interesante para llevar una vida
contrapuesta a la convención, acaso cercana a lo que aquí se expone; él explicaba: “El delirio
propio de la fiesta se asocia lo mismo a las hecatombes de patrimonio que a los dones acumulados
con la intención de maravillar y sobresalir”. De acuerdo con su sistema, la única ganancia posible
es perderlo todo en un derroche fasto: el dinero, el sentido, la inteligibilidad; ese imperativo que
consume nuestras vidas a razón de explicaciones. Tanto Blow como Gómez López nos invitan a
aventurarnos al otro lado de la norma sin discursos edificantes, sin lecciones, sin exigencias.

Bienvenidas a la casa de las muñecas.