Un castillo a la orilla de tu cama

Daniela de la Torre
Acompañamiento curatorial de Gaby Cepeda

Del 6 de Junio

La práctica de Daniela de la Torre suele aparecer ante el público como una suerte de character arc, el dispositivo narrativo que hace que la transformación de un personaje de la ficción tenga sentido: empezó aquí, pero terminó acá, porque le ocurrió esto. Quizás eso sea más evidente en sus performances, que se componen de partes iguales de humor, pathosy el tipo de auto-observación que bebe del narcisismo de la era digital, pero que, viéndola con más curia, también es muy amiga de la energía nerviosa y adorable de los one-woman-showsde Liza Minelli o de Bette Middler.

 

El hero’s journeyde Dani es quizás demasiado intrincado para contar aquí fielmente, pero sabemos que recibió el llamado a la aventura de ser artista, un camino que está lleno de retos y tribulaciones con las que no deseamos hoy aburrir al visitante. No, esta exhibición la encuentra más bien en el momento de la revelación y la transformación: las vacilaciones y el sufrimiento han dado frutos, si acaso porque la han sabido conectar con aquello que es más valioso para ella. Dani encuentra instantes de paz, de calma, incluso de breve felicidad en su quehacer artístico, en las humildes actividades de bocetar, patronar, cortar, coser, montar, performar—en ese llevar las imágenes que habitan en su mente a la dimensión de lo real, de compartirlo con amigos y extraños, against all odds. También encuentra esos instantes en la colaboración cercana con amigos y con las mujeres de su familia: la exhibición está llena de objetos que contienen décadas de saber-hacer transmitidos entre tías, madres y abuelas.

 

Hubo un momento, no hace mucho tiempo, cuando la producción global de baratijas de plástico todavíano se habíaapoderado del mundo, que si querías algo lindo, algo nuevo que ponerte, un detallito para arreglar tu casa o para vender y sacar un dinerito extra, lo tenías que hacer tú. El primer paso era preguntarle cómo a tu hermana, tu vecina, tu comadre; el segundo era sacar de los cajones pilas de revistas tipo Labores del Hogar, que describen una colcha como “patchwork romántico, elegante y refinado”; y el tercero era sentarte a hacer y platicar, casi siempre alrededor de una mesa de la sala o de la cocina. Este cuerpo de obra, para Dani, la hizo encontrarse saber-hacer y esos modos de producción que se entrelazan íntimamente con su familia, quienes alentaron esas técnicas desde su niñez, y que hoy le dan consejos de composición, de puntadas y de paletas de color. También la ha encariñado con sus amigues, quienes le han regaládono sólo su tiempo y sus sábanas suaves y viejitas, pero su propia visión creativa, sus propios hero’s journeys.

 

Este Castillo se erige por todes elles. Y por Dani, que elige encarnar el cúmulo de sensaciones placenteras y tortuosas que significan hoy ser artista. Elige construir su propio reino de la imagen suave, un castillo blando que celebra la magia del arte y de la imagen, la brujería memética que sí es capaz de manifestar la realidad, pero que hoy sólo reproduce más del mismo status quo.El arte en este reino suave puede convertir lo imaginario en real, pero ahora sí, maybe, para algo bien—aunque sea para invocar ese sentido de identidad, de dignidad, de reivindicación de su existencia, que es lo que significa para Dani, el privilegio de ser visitada por el reino de las imágenes.

Gaby Cepeda