Tonada de lluvia de Bea Millón

Tonada de lluvia

Bea Millón

Del 4 de febrero al 8 de febrero

“Vamos a ganar, me lo dijo el río.” Berta Caceres (1971-2016).

Existe una guerra contra el agua iniciada mucho antes de que tú y yo naciéramos, marcada por innumerables comienzos y colapsos en medio. Se ha desplegado de forma expansiva llevándonos hacia el estrés hídrico irreversible y a un nuevo ordenamiento climático del planeta. Tanto las aguas del cielo, como las que atraviesan las rocas se han visto implicadas. Mercancía y recurso político despilfarrado. Desde la extinción de los glaciares hasta el entubamiento de ríos pestilentes, pasando por la acidificación de los océanos. El desvío tangible y semiótico del agua repercute en todas las políticas de la vida y la muerte. No obstante, en este absurdo campo de batalla hay delirios que valen la pena. El de Bea Millón es uno de ellos.

Millón presenta en Salón Silicón “Tonada de lluvia”, una escultura de gran formato que también es un suceso. Siguiendo su característica metodología de trabajo situada y colaborativa, Millón se entrega con obsesiva pasión a recolectar lodo de diversos cuerpos de agua de la Ciudad de México y a esculpir una gran fuente y receptáculo sonoro. Como un acto de amor a las aguas que caen del cielo y a aquellas que se resguardan debajo del suelo, la artista presenta un intrincado mecanismo hidráulico de cerámica que propaga el sonido de la lluvia y la resguarda. El sonido, si no lo escuchas es porque está en latencia; depende de las circunstancias y la paciencia. Un llamado preparativo para la siguiente temporada de chubascos.

Al encontrarse con una escultura como ésta, el cuerpo propio es un referente sensato. Recorrerla, acercarse, escucharla de lejos, verla de espaldas, susurrarle un secreto o activar uno de los cinco cántaros colocados en la base son solo algunas de las acciones que podemos hacer como espectadores-participantes. La primera vez que la montamos alguien constató “es rara” pero es su extrañeza la que captura nuestra atención y no la

suelta. Su ensamblaje suspende la lógica porque busca infiltrarse y desarmarla. Propone una otra-lógica hecha de arcilla, contrapesos y voluntades. Bombea contingencias y alberga alternativas. Y es que Millón esculpe pero también ensambla sentidos: los yuxtapone.
Mientras pasamos más tiempo con la pieza, la circularidad de los cuerpos que la componen nos ofrece un chapuzón al espiral de las caricias suaves. El contraste de tonos y dimensiones de sus partes es una oportunidad tan erótica como política. Parte de la relación que Millón guarda con la cerámica, pues rinde homenaje a las técnicas tradicionales a la par que las reta y las lleva al límite. Soslaya la gravedad. Propone en su escultura la confluencia de disidencias, la humedad compartida y un placer sin disculpas.

Por Esteban Silva

 

Diseño del sistema mecánico-hidráulico por Rodrigo Yael Rubio Ortiz.
Asistentes de producción: Silvan Cerviño del Río, Melanie Buntichai, Santiago Andres Viale, Celeste Méndez
Un especial agradecimiento a Lulu V.Barrera, Dairee Ramírez, Diana Barquero, Elena Solís, Esteban Silva, Libertad Castillo.

Un Jardín Propio

Un jardín propio

Alan Hernández

del 2 de febrero al 15 de marzo

Venus victrix verticordia

Todo estaba callado cuando debajo de la cama, de pronto, nació una laguna. Lo supe porque los vapores celestes se colaban entre las cobijas y tuve miedo de mirar hacia abajo, miedo de ser yo misma la creación de esas aguas. Porque no recordaba quién era ni de dónde venía y mi único recuerdo era esa cama. Me sentía nueva y profundamente sola como nacida de esa laguna que destellaba como si fuera pedrería y no del vientre de una madre.

Tampoco tenía hermanas ni hermanos. O, al menos, al inicio no fueron visibles.

 

II

El sol brillaba bermellón y era tan hermoso que hubiéramos querido que fuera creación nuestra. Nuestras mentes podían inventar cosas bellas como esas, pero también terribles como nuestros ojos de bicho y estos cuchillos rasposos que nos crecen entre las patas y que añoramo enterrar en todo, en ese sol, en esta laguna, para preñar el mundo de cosas idénticas a nosotras.

Deseábamos desesperadamente embadurnar nuestros pistilos de esa sangre celeste, reproducirnos como bacterias y plagar el mundo de nuestra rabia. Y perfumarlo de manera floral, hasta que volviera a nacer de nuevo.

 

III

También inventamos flores que parecían mariposas, capaces de pensar como nosotras. El agua bullía cada vez que hacíamos nacer algo. Esas

rosas hechas de lengua, esa carne venenosa y amable que se frotaba y se lamía, aunque viniera del mismo cuerpo.

Esas rosas no necesitaban de nadie para darse placer. Yo fui su primera inventora, y a su vez, yo era invención de esa laguna cuyas aguas eran

insondables para mí. No conocía su fondo ni su fauna, y me limité al hecho sencillo de su contemplación.

 

 

IV

Sobre mí se aparean dos pájaros granate. Estoy sola de nuevo. Mis hermanas tomaron el mundo y me dejaron aquí. Apenas salieron, el afuera las consumió por completo. Confundí sus gemidos con su rabia y no pude ayudarlas. Ahora la laguna quiere mostrarme su entraña y no tengo nada que perder, así que me arrojo, vencida por la muerte de las otras, por la soledad, y un placer inaudito me recibe. El placer del origen, dedejar de ser yo, al fin.

No sé si mi cabeza ha dejado de pensar o si cae al suelo y rueda lejos mío. No me levanto, me dejo mecer por la espuma y el mundo comienza de nuevo.

Clyo Mendoza

Macehual, cantos de creación y memoria

Macehual:
Cantos de creación y memoria.

Mar Coyol

6 noviembre-18 enero

Mar Coyol realiza un acto de subversión y crítica a la tradición visual de los álbumes costumbristas y las galerías de tipos del siglo XIX, cuyo propósito era documentar y clasificar a los habitantes y sus oficios. A diferencia de los artistas viajeros, cuya mirada se centraba en la curiosidad europea por los elementos pintorescos de un paísconsiderado exótico, Coyol retrata la dignidad y resiliencia de personas de la comunidad LGBTTTIQ+ pertenecientes a las clases trabajadoras. De un modo semejante al Códice Florentino, Coyol procura dar voz y memoria aquellos que históricamente han sido relegados a los márgenes.

Al agrupar su serie bajo el término Macehual, no sólo exalta la raíz popular y la herencia anawaka de sus protagonistas, sino también su pertenencia a la base trabajadora, como portavoces de una opresión interseccional. Sus personajes confrontan al espectador con la compleja red de exclusión y violencia que atraviesa sus vidas, producto del cruce sistémico de racismo, sexismo, clasismo, transfobia y homofobia.

Cuando la moda y el diseño contemporáneo se apropian extractiva e indiscriminadamente de elementos estéticos y manufacturas ancestrales, ¿por qué habríamos de detenernos en el trabajo de una artista abocada al estudio de los símbolos de creaciones remotas? ¿Cuál sería el sentido de recuperar presencias ajenas al “desarrollo moderno”?

Las manos de Mar Coyol nos responden con decoro, al sostener un remo que no sólo impulsa el respeto por una serie de oficios como el del bogador de la ofrenda —la tlalmanalli—, sino que también nos invita a navegar a través de las tradiciones y los prejuicios que venimos activando a lo largo de nuestra historia.

Por ejemplo, más allá de ejercer su capacidad de producir para obtener una ganancia, una serie de orfebres deciden rescatar las raíces de rostros pretéritos, aparentemente olvidados. Es la expresión consciente, de una visión artística que decide retirarse las máscaras blancas o demoniacas, con que se ha intentado invisibilizar y ocultar a lxs representantes de lo diverso.

En un diálogo abierto y crítico con lxs artistas que reivindicaron la conexión de las culturas pasadas con la época actual, Coyol cuestiona los patrones con que se han configurado las visiones hegemónicas de la identidad laboral mexicana. Cuando enuncia que la “belleza está en nuestras raíces”, de un modo semejante al Códice Florentino, procura dar voz y memoria a aquellos que históricamente han sido relegados a los márgenes por alejarse de las normativas heterosexuales, tal es el caso de lxs cuiloni.

Al ingresar al tlaxcalchihuayolan, el lugar donde se hacen las tortillas, Mar Coyol no intenta regalarnos una mera escena cotidiana. En su lugar, realiza un acto de subversión a la práctica visual de los álbumes costumbristas y las galerías de tipos del siglo XIX, que pretendían documentar y clasificar a los habitantes y sus oficios. A la artista le interesa poner en relevancia los ciclos de creación y retribución antiguos, así como el valor del trabajo humano, especialmente la dignidad y resiliencia de personas de la comunidad LGBTTTIQ+, que se enfrentan a los estereotipados y excluyentes roles asignados.

El conjunto de parejas, en particular lxs minerxs, nos permiten comprender que al agrupar su serie bajo el término Macehual, Coyol no sólo exalta la raíz popular y la herencia anawaka de sus protagonistas, sino también su pertenencia a la maltratada base trabajadora; son portavoces de una opresión interseccional, corazones entristecidos por una vida marginada y violentada tanto en sus salarios como en sus afectos y sus orígenes.

Alzando un ataúd y un arreglo floral con la leyenda “nuestra existencia es imborrable”, sus personajes diversxs avanzan implacablemente para confrontar al espectador ante la compleja red de exclusión y agresiones que atraviesa y acaba con sus vidas, producto del cruce sistémico de racismo, sexismo, clasismo, transfobia y homofobia. Una situación por la que milenariamente trabajamos y enarbolamos cantos, para transformar así nuestro presente.

Carlos Segoviano

W.C Karl Frías

W.C.

Karl Frías García Curaduría de Rojo Génesis

29 de enero al

En el contexto del arte contemporáneo mexicano, donde algunas de las prácticas artísticas de lo trans han encontrado en los espacios, W.C la muestra se inscribe en una investigación artística en torno al cuerpo transmasculino entendido como materia plástica, fasciación y en constante negociación con los dispositivos arquitectónicos y sociales que regulan su sostenibilidad material.

A través de dibujo, escultura, instalación, pintura y fotografía, Frías aborda la transformación corporal no como tránsito lineal, sino como condición permanente. Su práctica dialoga con el fenómeno biológico de la fasciación vegetal, en el marco del paisaje urbano, particularmente en los cactus, donde el crecimiento se desborda de su eje “natural” debido a alteraciones genéticas, ambientales o traumáticas. Esta anomalía orgánica se convierte en una metáfora material del cuerpo transmasculino: un cuerpo que crece fuera de la forma esperada, adaptándose y persistiendo en contextos que no fueron diseñados para su existencia.

El título W.C fragmenta la lectura funcional del signo y activa el baño público como espacio liminal, situado entre lo íntimo y lo colectivo y frente a dos narrativas persistentes cuando hablamos de este espacio: la estética homosexual y la narrativa del histórico pánico moral hacia mujeres trans en la que se han abierto múltiples conversaciones y tensiones dentro las instituciones de derechos humanos. En este sentido, la exposición se distancia deliberadamente de los discursos de estos ejes, no porque no sean relevantes, sino porque estamos frente a otra práctica para situarse en una lectura estética de la experiencia: el baño como lugar de exposición, vigilancia, encuentro y desbordamiento plástico. 

En su totalidad, W. C para mi, se inscribe además de en otra fase del trabajo del artista, en una generación del arte contemporáneo mexicano que entiende la experiencia de la masculinidad y la carne como método estético. La obra de Karl Frías García propone entonces pensar el cuerpo transmasculino como un territorio definitivamente donde la carne siempre está en tensión con los espacios que lo intentan contener.

 

Rojo Génesis 2026