Mientras el dragón duerme de Mariana Palacios Maltos

Mientras el dragón duerme

Mariana Palacios Matos
Acompañamiento curatorial de Paloma Contreras Lomas

del 9 de abril al 20 de mayo

En “Mientras el dragón duerme” podemos observar una escenografía pelífera en donde quizás lo más sencillo sea imaginarnos el punto de vista de la artista siendo adolescente. Tendida en las texturas suaves de su alcoba, dentro de un castillo de cojines y pósters. Ahí, en la soledad que otorga el cuarto propio familiar, Mariana construyó distintos prismas alrededor del futuro, depositados en seres fantásticos montados en íconos pop dosmileros, que le mostraron posibilidades de una existencia más suave y tierna.  En esta muestra se invocan distintos espíritus: tías que bordan manteles para mesas miniatura que sostienen objetos sin intención, artículos del hogar que observan secretos de familia y sueños juveniles de color rosa, amistades que se antojan eternas, flecos al estilo emo, gloss, delineador negro y muchísimo pelo, simulando una arquitectura doméstica de cualquier living clasemediero mexicano, pero que no deja albergar algo fuera de lugar. Ahí, surge la misma extrañeza que nos susurra que estamos viendo algo familiar, pero que también, sin previo aviso, puede llevarnos a una dimensión desconocida dentro del sillón de la tele o del buró del recibidor.

La instalación de Palacios propone nostalgias donde la realidad era menos complicada, pero igualmente terrorífica. Horror que subyace bajo la bola de pelos que se atasca en la bañera, los que te obliga tu mamá a sacar de la coladera y que con suerte no traerán consigo algún demonio de la cañería. Ése mismo pelaje fue el que Mariana bajo su ritual de estética de la colonia, acondicionó, alisó y trenzó para mostrarnos su propia economía de los secretos, los cuales se convirtieron en adornos de casa que desbordan cursilería, pero que también contemplan en silencio cómplice. Ésta es la simulación de algunos artefactos de aquél cuarto infantil que deviene en púber, de una cotidianeidad que nos asfixia, pero quizás el último lugar donde nos sentimos con la posibilidad de soñar.

Lo bello es estremecedor.

Primavera 2026, Paloma Contreras Lomas

Penitencia de Belleza de cantina

Penitencia

Thania Díaz Belleza de Cantina
acompañamiento curatorial de Paloma Contreras Lomas

del 9 abril al 20 mayo 2026

Mi abuela Blanca Elena tuvo 11 partos. Mi mamá se llama Blanca Emma y le dicen Erika. Erika fue la quinta. Le dicen Erika porque a mi abuelo se le hinchó un huevo y después de tantos partos, y a la quinta Blanca, ya no importaba demasiado. La casa de cerámica colinda por el patio con la casa de Pancho Villa, ahí donde está el árbol. Matilde, mi tía quien fue el segundo parto de 11 y no se llama Blanca, tiene unos lentes originales de Pancho Villa. 

Como en toda familia mexicana, hubo un tío que le hizo firmar de manera a mi abuela las escrituras y al final se acabó chingando la casa y el rancho. Me gustaba mucho ir a esa casa a pasar los veranos, la recuerdo con mucho cariño e intenté repetirla pensando en que la violencia que había en ese momento en el norte del país, sobrepasaba las agresiones que vivieron esas mujeres que pasaron por esa morada de cerámica. Era preferible yacer en la barda que estaba al lado del Pancho Villa original, que salir a la masacre normalizada de esos tiempos. 

Mónica Ojeda dice que México es un país sadomasoquista. Las mujeres de mi familia lo confirman. Aunque recientemente he sentido que a mi mamá la salvaron los testigos de Jehová con eso de ser tan complaciente, con eso de andar contentando tanto pinche muerto. Como en la gran inundación que hubo en Parral en 2008, en donde los muertos del pueblo salieron de sus moradas para flotar entre los habitantes, entre los 11 partos, entre las 11 Blancas. Muertos flotantes que se aparecían como una profecía de lo que nos esperaba afuera de esa casa de cerámica. Escribo esto imaginándome que soy Thania en uno de esos veranos, en esa morada que era demasiado pequeña para nueve niños, porque dos se murieron, yo fui la décima que llegó mucho después. Éstas piezas son ramas que le crecieron a esas memorias, a esas violencias que traspasaron ésa misma casa que también viajó a la esquina del segundo cuarto de la galería. A la cual la acompañan piezas que simulan la promesa del castigo, qué es mucho peor que la penitencia. 

Escribo esto pensando que soy Thania, esperando la culpa heredada de esa madre 11 veces Blanca, de esos once partos que a veces se convierten en caras repetidas hasta el cansancio, juguetes anales y paisajes idílicos que luchan contra esa crueldad con la que crecí, con la que crecimos. Thania, Blanca, Matilde, Elena, Emma, once veces nacida, siempre migajera, nunca domesticada. 

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran soledad.

Primavera 2026, Paloma Contreras Lomas


Tonada de lluvia de Bea Millón

Tonada de lluvia

Bea Millón

Del 4 de febrero al 8 de febrero

“Vamos a ganar, me lo dijo el río.” Berta Caceres (1971-2016).

Existe una guerra contra el agua iniciada mucho antes de que tú y yo naciéramos, marcada por innumerables comienzos y colapsos en medio. Se ha desplegado de forma expansiva llevándonos hacia el estrés hídrico irreversible y a un nuevo ordenamiento climático del planeta. Tanto las aguas del cielo, como las que atraviesan las rocas se han visto implicadas. Mercancía y recurso político despilfarrado. Desde la extinción de los glaciares hasta el entubamiento de ríos pestilentes, pasando por la acidificación de los océanos. El desvío tangible y semiótico del agua repercute en todas las políticas de la vida y la muerte. No obstante, en este absurdo campo de batalla hay delirios que valen la pena. El de Bea Millón es uno de ellos.

Millón presenta en Salón Silicón “Tonada de lluvia”, una escultura de gran formato que también es un suceso. Siguiendo su característica metodología de trabajo situada y colaborativa, Millón se entrega con obsesiva pasión a recolectar lodo de diversos cuerpos de agua de la Ciudad de México y a esculpir una gran fuente y receptáculo sonoro. Como un acto de amor a las aguas que caen del cielo y a aquellas que se resguardan debajo del suelo, la artista presenta un intrincado mecanismo hidráulico de cerámica que propaga el sonido de la lluvia y la resguarda. El sonido, si no lo escuchas es porque está en latencia; depende de las circunstancias y la paciencia. Un llamado preparativo para la siguiente temporada de chubascos.

Al encontrarse con una escultura como ésta, el cuerpo propio es un referente sensato. Recorrerla, acercarse, escucharla de lejos, verla de espaldas, susurrarle un secreto o activar uno de los cinco cántaros colocados en la base son solo algunas de las acciones que podemos hacer como espectadores-participantes. La primera vez que la montamos alguien constató “es rara” pero es su extrañeza la que captura nuestra atención y no la

suelta. Su ensamblaje suspende la lógica porque busca infiltrarse y desarmarla. Propone una otra-lógica hecha de arcilla, contrapesos y voluntades. Bombea contingencias y alberga alternativas. Y es que Millón esculpe pero también ensambla sentidos: los yuxtapone.
Mientras pasamos más tiempo con la pieza, la circularidad de los cuerpos que la componen nos ofrece un chapuzón al espiral de las caricias suaves. El contraste de tonos y dimensiones de sus partes es una oportunidad tan erótica como política. Parte de la relación que Millón guarda con la cerámica, pues rinde homenaje a las técnicas tradicionales a la par que las reta y las lleva al límite. Soslaya la gravedad. Propone en su escultura la confluencia de disidencias, la humedad compartida y un placer sin disculpas.

Por Esteban Silva

 

Diseño del sistema mecánico-hidráulico por Rodrigo Yael Rubio Ortiz.
Asistentes de producción: Silvan Cerviño del Río, Melanie Buntichai, Santiago Andres Viale, Celeste Méndez
Un especial agradecimiento a Lulu V.Barrera, Dairee Ramírez, Diana Barquero, Elena Solís, Esteban Silva, Libertad Castillo.

Macehual, cantos de creación y memoria

Macehual:
Cantos de creación y memoria.

Mar Coyol

6 noviembre-18 enero

Mar Coyol realiza un acto de subversión y crítica a la tradición visual de los álbumes costumbristas y las galerías de tipos del siglo XIX, cuyo propósito era documentar y clasificar a los habitantes y sus oficios. A diferencia de los artistas viajeros, cuya mirada se centraba en la curiosidad europea por los elementos pintorescos de un paísconsiderado exótico, Coyol retrata la dignidad y resiliencia de personas de la comunidad LGBTTTIQ+ pertenecientes a las clases trabajadoras. De un modo semejante al Códice Florentino, Coyol procura dar voz y memoria aquellos que históricamente han sido relegados a los márgenes.

Al agrupar su serie bajo el término Macehual, no sólo exalta la raíz popular y la herencia anawaka de sus protagonistas, sino también su pertenencia a la base trabajadora, como portavoces de una opresión interseccional. Sus personajes confrontan al espectador con la compleja red de exclusión y violencia que atraviesa sus vidas, producto del cruce sistémico de racismo, sexismo, clasismo, transfobia y homofobia.

Cuando la moda y el diseño contemporáneo se apropian extractiva e indiscriminadamente de elementos estéticos y manufacturas ancestrales, ¿por qué habríamos de detenernos en el trabajo de una artista abocada al estudio de los símbolos de creaciones remotas? ¿Cuál sería el sentido de recuperar presencias ajenas al “desarrollo moderno”?

Las manos de Mar Coyol nos responden con decoro, al sostener un remo que no sólo impulsa el respeto por una serie de oficios como el del bogador de la ofrenda —la tlalmanalli—, sino que también nos invita a navegar a través de las tradiciones y los prejuicios que venimos activando a lo largo de nuestra historia.

Por ejemplo, más allá de ejercer su capacidad de producir para obtener una ganancia, una serie de orfebres deciden rescatar las raíces de rostros pretéritos, aparentemente olvidados. Es la expresión consciente, de una visión artística que decide retirarse las máscaras blancas o demoniacas, con que se ha intentado invisibilizar y ocultar a lxs representantes de lo diverso.

En un diálogo abierto y crítico con lxs artistas que reivindicaron la conexión de las culturas pasadas con la época actual, Coyol cuestiona los patrones con que se han configurado las visiones hegemónicas de la identidad laboral mexicana. Cuando enuncia que la “belleza está en nuestras raíces”, de un modo semejante al Códice Florentino, procura dar voz y memoria a aquellos que históricamente han sido relegados a los márgenes por alejarse de las normativas heterosexuales, tal es el caso de lxs cuiloni.

Al ingresar al tlaxcalchihuayolan, el lugar donde se hacen las tortillas, Mar Coyol no intenta regalarnos una mera escena cotidiana. En su lugar, realiza un acto de subversión a la práctica visual de los álbumes costumbristas y las galerías de tipos del siglo XIX, que pretendían documentar y clasificar a los habitantes y sus oficios. A la artista le interesa poner en relevancia los ciclos de creación y retribución antiguos, así como el valor del trabajo humano, especialmente la dignidad y resiliencia de personas de la comunidad LGBTTTIQ+, que se enfrentan a los estereotipados y excluyentes roles asignados.

El conjunto de parejas, en particular lxs minerxs, nos permiten comprender que al agrupar su serie bajo el término Macehual, Coyol no sólo exalta la raíz popular y la herencia anawaka de sus protagonistas, sino también su pertenencia a la maltratada base trabajadora; son portavoces de una opresión interseccional, corazones entristecidos por una vida marginada y violentada tanto en sus salarios como en sus afectos y sus orígenes.

Alzando un ataúd y un arreglo floral con la leyenda “nuestra existencia es imborrable”, sus personajes diversxs avanzan implacablemente para confrontar al espectador ante la compleja red de exclusión y agresiones que atraviesa y acaba con sus vidas, producto del cruce sistémico de racismo, sexismo, clasismo, transfobia y homofobia. Una situación por la que milenariamente trabajamos y enarbolamos cantos, para transformar así nuestro presente.

Carlos Segoviano

Hot Dogs

Hot Dogs




Betty Árbol



Texto por Danielle Franco

18 de Septiembre al 30 de Octubre

 

DOG’S GYM es en parte pesadilla ácida con un dejo de nostalgia a Joe Gold y sueño húmedo de una juventud furra contemporánea, esa que creció entre programas de César Millán, coreando el “¡Qué perra mi amiga!” de La Pajarita, entrándole recio al perreo y ahora a esta sobredosis de proteína en polvo servida en cuenco metálico al suelo por Betty Árbol.

Inspirada en la gráfica popular, esta pasarela de cuerpos -digna de la federación de fisicoculturismo o de cualquier exposición cinológicaresulta en un ejercicio de zoo-antropología pop que disecciona la autoexplotación del insulto y el empoderamiento al ser nombrada PERRA. Dicha utopía peluda reúne en el templo del físico a: La Chorgi, La Impostora Alemán, la Rot Boiler y la Salchipapa, entre otras criaturas entaconadas, predadores del clan de las gatichinas, concebidas no para la caza o el pastoreo, sino para la dominación erótica o poncharse en las barras del parque más cercano. Al igual que nosotras, no luchan por un ideal, sino por algo más visceral: la validación en un mundo que nos pide ser Lassie y Schwarzenegger al mismo tiempo.

Las divas caninas no se conforman con ser “buenas muchachas”; esculpen sus cuádriceps con devoción. Sus cuerpos humanizados, coronados por orejas puntiagudas y hocicos sudorosos, capturados en trazo, pincelada, cerámica y hasta impresión 3D, son el campo de batalla final de las que ladramos y no buscamos nuestro premio en seguir royendo el mismo hueso viejo, ni en la aprobación de un jurado de machos alfa quiénes, irónicamente, hoy llevan puesta la correa al cuello.

 El babeante hocico entre colmillos y brillo de labios muerde con fuerza e ironía ¿Acaso no revelan la forma más literal de domesticar a la bestia y criar al ganado? Este es el producto final de un adiestramiento obsesivo donde la fuerza, la raza y la belleza determinan a la mejor de la camada.

 El pedigree de estos canes le ladra con insolente familiaridad a Mapplethorpe, arroja una voraz mordida a Helmut Newton y deja a Tom of Finland con ganas de mudarse a Tijuana a ponerse al día con lo que una cachorra Betty Árbol ya sabía desde antes de amaestrar a la jauría. Que las verdaderas perras –en palabras de Lemebel y Preciado– somos proletarias del ano y del deseo. Nuestra contrasexualidad revela la naturaleza del poder como prótesis del placer siendo así nuestra propia medalla al mérito canino.

Honremos la perra mamada que todas llevamos dentro: un espejo deforme, peludo y con uñas de gel que nos devuelve nuestra propia mirada. Esa que entiende que el juego es sucio, las reglas las pone quien gana y el hueso más preciado es la propia liberación, por grotesca y contradictoria que sea. El mundo es de las que sabemos sacar el colmillo, y si la vida es como en el gym, más vale ser la perra más fuerte, elegante y deseable. El trofeo no es una copa, sino la constatación de que, al final, todos –humanos, caninos, híbridos– estamos compitiendo en el mismo certamen del deseo.

Danielle Franco

Anaantropóptica

Anaantropóptica

 

Santiago Mora

Del 17 de Julio al 17 de Agosto

 

Mirada que retorna al mundo no desde el yo, sino desde la red de conciencias compartidas.

¿La mirada humana es el centro del mundo?

Estas siete pinturas al óleo y acrílico detienen escenas donde lo humano, animal, vegetal e industrial coexisten en tensión: una silla monobloc se deshace en medio de una jungla nocturna, azotada por el flujo del río; una araña saltarina en el muro nos observa desde una esquina, mientras hormigas rojas marchan al costado de un zapato. En cada imagen se revela una fricción entre escalas y presencias: lo íntimo y lo cósmico, lo ínfimo y lo devastador.

Se evoca lo que el filósofo Timothy Morton llama ecognosis: una forma de conciencia que no observa desde fuera, sino que reconoce la maraña de relaciones en las que estamos inmersos. No se trata de conocer el entorno, sino de dejar que el entorno se haga presente a través de nosotros.

La tecnósfera —ese sistema hecho de recursos explotados, objetos obsoletos y estructuras de control y exclusión— aparece aquí erosionada, habitada por formas de vida marginales. Insectos, plantas y arquitecturas que no son fondo, sino protagonistas de una narrativa sin jerarquías. Lo humano como verbo en pretérito: descentrado, vulnerable, fantasmagórico.

En una de las escenas, un pendón colgado en la pared dice en japonés yume no yume — “ el sueño en el sueño” —, invitando el relato de una conciencia no productivista, una percepción liberada de la vigilia capitalista. La escena, bañada en luz de atardecer,nos invita a transitar el mundo de forma más lenta, compasiva, atenta. Como dice Shuntarō Tanikawa: “ perder las palabras para ser un árbol que canta en el viento”. Apagar el celular es el sueño el que escapa de todo algoritmo. Es un acto insurrecto.

Aparece también una inscripción: Et in Arcadia ego, grabado en el respaldo de una silla y en la fachada de un monolito decadente. Sin nostalgia, como recordatorio. Incluso en el paraíso — o en lo que alguna vez lo fue— la infinita transformación de la materia está presente desde el conglomerado de conciencias interrelacionadas que nos conforman.

 

Anaantropóptica es una invitación a visualizar desde los recovecos de la habitación. Si miramos una planta encontramos un arácnido de ojos gigantes que también nos observa: en el cruce de miradas y sonrisas recordamos que, en el cosmos, por un microinstante, la conciencia se comparte.

¿qué es eso? de Elian Chali

¿Qué es eso?

Elian Chali

Curada por Catalina Urtubey 5 de Julio al 26 de agosto

Esta exhibición mete el dedo en la llaga, en el ojo.

Insistiendo en el espacio público de un modo otro, Elian Chali presenta un fractal de su experiencia en medio de esa trayectoria: una relación insistente con la otredad, lo ajeno y las relaciones que se desprenden de allí.

No hay tesis ni exposición. Hay un cúmulo de acontecimientos siendo excorporados con humor, dolor, errores y aciertos.

Esta es la muestra de un raje — al decir de M. Bardet— : no una fuga, sino una inmersión.
Un hurgar a fondo en la experiencia singular y destartalada del artista en relación a.

Una excavación en la memoria, en el cuerpo como archivo, en la imagen como resto posible que insiste y gatilla.

Lo que emerge de este manoseo visceral:
pinturas deshuesadas que rozan lo grotesco sin que tiemble lo ridículo, carcajadas y palabras a medio decir, colores que tiemblan, geometrías al reverso, arquetipos burdos, coreografías incómodas.

Reiteraciones ingenuas, reiteraciones violentas.
Gestos que enuncian ambigüedad, tripa e incomodidad.

En el centro, una pregunta infantil y feroz:

¿Qué es eso?
Un cuerpo, una potencia, una opacidad vuelta afuera.

 

catalina urtubey

Elian Chali (Córdoba, AR. 1988) es artista, investigador independiente y activista. Sus prácticas van desde la pintura expandida, fotografía, performance y escritura hasta el activismo social y las prácticas curatoriales en proyectos comunitarios. 

 

Con 4 exposiciones individuales y numerosas colectivas, sus proyectos se pueden encontrar en Argentina, Australia, Bélgica, Brasil, Canadá, Chile, Cuba, Costa Rica, Emiratos Árabes Unidos, España, Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Inglaterra,  Marruecos, México, Polonia, Portugal, Paraguay, Perú, Rusia, República Dominicana, Uruguay, Ucrania, Taiwán, entre otros.

 

Sus investigaciones recientes abordan las políticas de representación del cuerpo en la cultura y la sociedad, la intersección entre formas singulares de supervivencia en contextos urbanos del cono sur y la dimensión política de los malestares en el presente.

 

Ha publicado Hábitat (2016), Barrio Muerto (2018), Interín, Desvaríos sobre la cultura pre, durante y ¿post? pandemia (2020), Nadie sabe lo que puede un cuerpo que no puede (2022), Una feta gris de nada, (2023), Socavón. Multitud, desplazamientos, escritura (2025).

 

Como activista del movimiento por los derechos de las personas con discapacidad, forma parte de Torceduras & Bifurcaciones, foro de corporalidades políticas. También habita Hotel Inminente, adhiere a AVAA y participa de organizaciones que abordan las problemáticas de violencia institucional y el aparato represivo del Estado.

(Li)temia


(Li)temia

lucia r​

Del 15 de mayo al 15 de junio​

(Li)temia es un proyecto de investigación artística que indaga en las complejas redes de relación del litio (Li) abordándolo tanto como recurso energético clave como sustancia psicofarmacológica.

(Li)temia es es una investigación artística que se origina en la experiencia encarnada de la artista como usuaria de litio, tanto en su forma salina — farmacológica — como en su función energética en la activación de tecnologías móviles. Desde esta intersección entre lo íntimo y lo técnico, la obra despliega un mapa de relaciones entre cuerpos humanos y más-que-humanos, problematizando las lógicas de funcionalidad que atraviesan subjetividades, minerales y territorios en el contexto contemporáneo.

Litemia .01 es el primer gesto de este proceso, una indagación afectiva y material que aborda al litio como contenedor falible, oscilando entre sostén y toxicidad, energía y agotamiento, solución y consecuencia. Estas tensiones resuenan también en su explotación a gran escala, inscribiendo al litio como parte de redes más amplias de significación y poder.

 
 
Lucía r
 

Es artista sonora y visual cuya práctica explora los ensamblajes entre cuerpos humanos, no-humanos y más-que-humanos desde una dimensión político-afectiva. Trabaja con materialidades que considera cuerpos en sí mismos—arcilla, residuos tecnológicos, minerales— no para dominarlas, sino para sostener el encuentro con su agencia y dejar que devengan formas como esculturas, acciones, instalaciones o piezas sonoras.

Su práctica propone modos de estar-con que cuestionan los binarios hegemónicos y habitan la fragilidad como potencia. Investiga desde lo intersensorial, lo menor y lo sutil como zonas de resistencia, desaprendizaje y cuidado.

Desde ahí, ha creado proyectos como Corpoareas —sesiones de experimentación intersensorial— y Litemia, una indagación en torno al litio como elemento que atraviesa dispositivos tecnológicos, psicofármacos, cuerpos y territorios.

Se formó en ciencias sociales (Licenciatura en Economía, CIDE) para luego encontrar en las prácticas artísticas un nuevo lenguaje (Maestría en Investigación Artística, UNAM). Ha realizado estancias de investigación en la Universidad de Barcelona y el centro ANDLAB (Portugal), donde desarrolló asociación de acariciar lo acariciable (a:a:a), una serie de acciones en torno a la caricia como forma de resistencia. En 2024 fue seleccionada como Joven Creadora del Sistema de Apoyos a la Creación para desarrolllar su proyecto Litemia.

C’est moi, c’est nous

C'est moi, c'est nous

3 de abril - 5 mayo

Fotos de Diego Lomelí

Bienvenidxs a C’est Nous

Hoy nos encontramos en Salón Silicón, un espacio de resistencia y expresión, para celebrar la fusión entre la música, el arte y la comunidad. Esta exposición, C’est Nous, es un tributo a la esencia de la colectividad trans, a la reimaginación de la obra musical a través de la mirada de grandes artistas.

Zemmoa, mi amiga, mi cómplice, mi hermana del alma. He tenido el privilegio de vivir de cerca su proceso creativo, de compartir con ella no solo el arte, sino la vida misma. Muy pocas personas conocen su temperamento, muy pocas sabemos cómo nos atrapa en algo que yo llamo El Bucle, un laberinto de su mundo donde entrar es un riesgo y salir no siempre es opción. Pero quienes nos atrevemos, descubrimos un universo magnético, complejo y profundamente hermoso.

Zemmoa lleva ya mucho tiempo en la industria musical, siendo un claro ejemplo de cómo reinventarse constantemente. Su carrera es un testimonio de valentía y resiliencia en una industria mayoritariamente dirigida por hombres y marcada por el machismo. Ella ha abierto camino para muchas de nosotras, artistas trans, que hoy podemos hacer música sin miedo, sin restricciones. Su presencia, su música, su ser, se han convertido en un referente esencial para las nuevas generaciones de artistas trans emergentes.

Sus canciones, especialmente Mio Gladiatore y Queriéndonos Bien, resuenan en lo más profundo de mí, porque sé de dónde vienen, porque he sentido la tristeza del desamor que las inspira, el dolor sincero que se transforma en melodía y letra. Su música es un espejo donde se reflejan nuestras emociones más crudas y, al mismo tiempo, un bálsamo para sanarlas. Muchas veces he viajado en moto escuchando su música como si fuera mía, sintiéndola recorrerme la piel y llenando el aire con su voz, con su historia, con nuestra historia.

El ZEMMPORIO  es una combinación perfecta entre lo amargo, lo dulce y lo salado, como los tacos al pastor que tanto compartimos después de largas noches de conversación y creación. Cada acorde, cada palabra, lleva consigo el peso de experiencias reales, de amores perdidos y reconstruidos, de risas que se mezclan con lágrimas, de una sensibilidad que convierte el dolor en belleza.

Su sexto álbum, C’est Moi, compuesto por trece canciones, no solo refleja su viaje personal y artístico, sino que también toca fibras profundas en quienes la escuchamos. Y aquí, en este espacio, su música trasciende lo sonoro para convertirse en algo tangible, interpretado por el talento de artistas trans que han encontrado en su obra un eco de sus propias historias.

 

Fotos de Diego Lomelí

C’est Nous no es una mera traducción visual del álbum; es una conversación entre disciplinas, una reinterpretación que refuerza la importancia de la comunidad. Las trece piezas aquí reunidas no sólo dialogan con los tracks de Zemmoa, sino que también nos invitan a mirar más allá de las fronteras de la música, hacia un universo de sensibilidades y relatos diversos.

Para ello, contamos con la participación de artistas trans internacionales cuya obra amplifica el mensaje de este proyecto: Amanda Lepore, Antía R. Alanis, Juni Aranda, Karl Frías García, María Ponce, Martine Gutiérrez, Mili Herrera, Pau S. Pescador, Rojo Génesis, Seba Calfuqueo, Sofía Moreno, Terry Holiday y, por supuesto, Zemmoa.

Estamos aquí, en Salón Silicón, una galería que, más que un espacio expositivo, es un hogar para el arte transgresor, disidente y profundamente honesto. Un lugar donde la creatividad es un acto político y donde la comunidad se refuerza con cada pieza, con cada encuentro.

Que esta exposición sea un reflejo de nuestra fuerza colectiva, un recordatorio de que el arte es una herramienta de transformación y que, al final del día, no somos solo individuos creando en soledad: somos nosotrxs, C’est Nous.

Un silbido de la Bruja de Texcoco. 

¡VIVA LA JOTILENCIA!

info@salonsilicon.com

Tehuantepec 223, Roma Sur, Cuauhtémoc, 06760, Ciudad de México, CDMX

Martes a Viernes: 12:00 – 6:00 pm
Sábado:12:00 – 3:00 pm

Welcome to the dollhouse

Welcome to the dollhouse

Sandra Blow y Romeo Gomez López

Del 16 de febrero al 29 de Marzo

Por Carlos Didjazaá

“A mí me gusta lo que te disgusta. A mí me gusta lo que a ti te asusta”.
-Lolita de la Colina

“Todo el mundo me dice que era Dawn Wiener… hasta Cindy Crawford”, dice Todd Solondz al
recordar la recepción de su segunda película, Welcome to the Dollhouse. La cual narra la historia
de Dawn Wiener, una puberta que se siente profundamente alienada, incómoda, excluida y fea, y
el doloroso ritual de paso que tiene que hacer para volverse una persona más o menos adaptada a
su entorno. En cierto modo, sí: todo el mundo es Dawn Wiener.

En el gran esquema de las cosas, a nadie le gusta ser adolescente, y en particular, a nadie le gusta
lo mismo que a ellos, o al menos no quieren admitirlo. El placer puberto es un placer amonestado.
Solo hace falta ver la gramática que existe al respecto de sus gustos: “placer culposo”. En cambio,
una buena parte de los placeres adultos recibe un nombre menos inculpatorio, pero más
deprimente: “gusto adquirido”. Es decir, tuviste que ignorar mucho de lo que eres para
convencerte de que te gustan algunas cosas que les gustan a otros: fumar, hacer yoga, tomar café.
La mayoría de la gente le llama a eso “madurar”.

 

Las obras de Sandra Blow y Romeo Gómez López se encuentran al filo de los placeres instantáneos
de la adolescencia y los placeres adquiridos de la adultez. El efecto se logra al mostrar todo lo que
quieren, todo lo que les gusta, al mismo tiempo y de manera caprichosa: comida chatarra y medias
de red, ídolos pop y sus anos, pelos, pulpos, criminales, pezoneras, tenis y tacones, pole dance y
arte contemporáneo.

La combinación de todos estos elementos en un solo instante, en una sola obra, es una buena
representación de aquello que, en palabras de Andrea Long Chu, constituye “la naturaleza gratuita
y vana del deseo; el infinito deseo de desear”. El resultado es una serie de imágenes inquietantes,
retorcidas, extrañas: queer, en el sentido más ortodoxo del término. Aquel que engloba todo lo
divertido, todo lo interesante, todo lo que se supone que hay que hacer de lado para convertirse
en un adulto más o menos bien integrado.

En La Noción de Gasto, Georges Bataille hace una propuesta interesante para llevar una vida
contrapuesta a la convención, acaso cercana a lo que aquí se expone; él explicaba: “El delirio
propio de la fiesta se asocia lo mismo a las hecatombes de patrimonio que a los dones acumulados
con la intención de maravillar y sobresalir”. De acuerdo con su sistema, la única ganancia posible
es perderlo todo en un derroche fasto: el dinero, el sentido, la inteligibilidad; ese imperativo que
consume nuestras vidas a razón de explicaciones. Tanto Blow como Gómez López nos invitan a
aventurarnos al otro lado de la norma sin discursos edificantes, sin lecciones, sin exigencias.

Bienvenidas a la casa de las muñecas.